el funeral de mis difuntos

“Me anuncian la muerte de uno cuya presencia no me entusiasmaba y pienso:  yo no pedía tanto” (Sacha Guitry)

cabezas barroCon el transcurso de los años la nómina de los conocidos muertos no ha dejado de crecer y la de los vivos declina en progresión geométrica. No recuerdo ni el último bautizo, ni la última comunión, en parte por esa manía mía en evitar codearme con mojigatos y creyentes ortodoxos. Bodas también hace tiempo que no frecuento; yo es que soy un animal muy poco sociable y con un círculo de amistades tirando a cuantitativamente insignificante.

Por el contrario, en los últimos años no ceso de acudir a velatorios, entierros, y funerales y fiestorros similares. Los velatorios son largos, aburridos y llenos de hipocresía, no me gustan y mi tendencia es rehuirlos. Aunque algunas situaciones son dignas del mejor teatro del absurdo. En los entierros y funerales hay dolor casi siempre contenido y cierto ceremonial donde se impone la rigidez sórdida. Esta austeridad sentimental donde los asistentes están juntos pero solos es una afrenta en toda regla y contra la misma línea de flotación de nuestra existencia.

Coubert - entierro en Ornans (1849)Todo funeral que se precie no anda escaso de anécdotas brillantes. Estalla la comicidad cuando en mitad de una solemne misa por la madre de un buen amigo un móvil despunta los acordes de “loba” en un tono programado in crescendo que el usuario no acierta a acallar. O la perplejidad de escuchar a un cura a capela que sueña con ir a “tú si que vales” entonar “Red River Valley” mientras los sepultureros encajan el féretro de mi tío en un nicho con “overbooking” y donde la austeridad se confunde con la tacañería. O la sinceridad de una nieta leyendo un texto escrito la noche antes para su abuelo mientras suena música del sur. O el agradecimiento a una vecina que lee una poesía que he escrito y lee emocionada en la ceremonia civil de la Tere. Y el mismísimo Sinatra en el funeral del Pirulo. O la emotividad extraordinaria que destila una actriz de reparto mientras esboza un lacónico retrato de mi madre.

Lo que todavía no llegó a entender es este monopolio con el que la religión acoge el dinero de los vivos que entierran a sus muertos. Porque falta por señalar la falsedad con la que los curas loan las bondades de un difunto del que a duras penas pueden farfullar su nombre y ofrecen a sus allegados un consuelo tan artificial mientras reiteran su consabido sainete respecto al puto valle de lágrimas y la mísera vida eterna que nos aguarda.

En cada edición de “tú si que vales” intento descubrir al cura del funeral de mi tío. Me ha parecido verlo travestido en la segunda fila de un grupo de habaneras con el que Risto no tuvo piedad.

Merche, hija, si tienes oportunidad de leer esto dame un verdecito.

Autor: Javier Solé

Relato incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria” (ISBN 978-84-9050-719-3)

Ilustración: Coubert, “entierro en Ornans” (1849)

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One comment on “el funeral de mis difuntos

  1. ¡Estupendo!
    Has hablado de los mismos funerales a los que, algunas veces, me veo en la obligación de asistir. Y me encorajino cuando el cura dice: “esta bella persona, que a vivido con Cristo y para Cristo”. Y suena el viejo órgano, y observo a la viuda, a la que todavía se le notan las secuelas del maltrato.
    Un saludo

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