mi amigo no imaginario

hamster amenazado por gatoSiento una especial animadversión por gatos y pájaros. En general los animales no me gustan; unos me dan miedo y otros me dan asco. Tolero mejor a las personas pero no mucho y, por supuesto, no a todas.

Pero con Johnny es otra cosa. Éste fue el primero de varios hámsters que tuve en mi infancia a raíz de un sorteo de 4º de EGB al que mi madre, en una imprudencia de la que estoy seguro se arrepintió el resto de sus días, me dejó participar. Y… ¡voilà! Johnny se vino a casa a vivir.

Mi amigo no imaginario paseaba por el barrio en lo alto de mi cabeza, dormía en mi sobaco y desayunaba leche con nesquik. Los domingos, paella.

1975 Javier con los ratonesJohnny era simpático y cariñoso, Pero se murió. No se me malinterprete si digo que nunca he llorado tanto una muerte como la de mi hámster; obviamente sentí más la de mi madre, o la de mi padre. Tampoco he dejado de olvidar los momentos últimos de un tío mío cuyos ojos asustados en el instante final me hacen sospechar que no hay nada tras la muerte y se pasa mucho frío. Pero, ya digo, con Johnny fue todo muy emotivo. Yo tenía apenas doce años y era mi primera gran conmoción. Estuve toda la tarde llorando desconsoladamente y acariciando su cuerpecito inerte.

Por supuesto, hubo funeral. Lo enterramos enfrente de casa, en un árbol junto al cuartel de la policía nacional de la Verneda. Por aquel entonces la amenaza etarra tenía en ascuas a la policía y cavar con una caja de zapatos (el féretro) al lado de la comisaría en la oscuridad de la noche no tranquilizaba al policía de la garita. Seguramente si hubiera ido sólo mi padre habría acabado en la Via Laietana y tal vez el buen hombre terminara arrojándose por la ventana como Julián Grimau.

Bien mirado, ahora que lo pienso detenidamente, yo aquella noche salve a mi padre de una muerte segura a manos de la policía de Franco.

El muy canalla se ha muerto ya y no me ha dado todavía las gracias.

Autor: Javier Solé

Este relato está incluido en la versión impresa de “Rehén de la memoria”  (ISBN 978-84-9050-719-3)

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5 comments on “mi amigo no imaginario


  1. Curiosa casualidad J.
    Sufro de pajarofobia y los gatos me producen inquietud. Nunca he sido muy animalaria, pero una vez llegó a mis manos (y a mi alma) un pequeño hámster ruso, pequeño, gris y entrañable como el solo (bien podía llamarse Platero, salvo por la diferencia de tamaño y nacionalidad). Fue un regalo y los regalos no se rechazan, mucho menos cuando son hechos con el corazón. Apenas vivió dos años conmigo, tiempo suficiente para sufrir mis nervios pre-exámenes y mis mañanas resacosas en tiempos de universidad. Tiempo suficiente para quererlo a rabiar.

    Una mañana me desperté y me acerqué a su casa azul (no podría ser de otro color) para darle el desayuno como de costumbre, pero mi pequeño y leal amigo no parecía tener hambre, ni sed, ni ganas de subir a la noria, ni siquiera de respirar. Entendí entonces que no podía hacer otra cosa salvo llorar a mares y protegerlo en una cajita bajo tierra para siempre.

    Luego llegaron otros dos, uno detrás de otro, hasta que me di cuenta de que había perdido toda la fuerza sepultando tanta pena y que ya no podría contar con ese tipo de amigos nunca más.

    • por lo que veo, Pau las vivencias fueron muy similares (por no decir prácticamente idénticas). Me alegro que el relato te haya facilitado revivir la peculiar relación con tu hámster. Se llamaba Pudovkin por un casual? Johny era dorado pero después hubo alguno comunista.

  2. Javier… ¿dónde había un descampado frente al cuartel de la policía como para albergar una caja de zapatos? Vale, mi memoria me falla, pero ayúdame, porque, aunque tengo algunos años menos que tú, y yo soy del Clot -mi territorio de infancia es más el próximo al mercado y al parque del Clot, no a la zona de la Verneda-, tus dominios los conozco también bien. Y forman parte de la geografía de mi memoria.

    • No es exactamente un descampado. Se trata de un jardín en el lateral del cuartel que limita a los lados con la comisaría y el Centro Cívico y por delante calle Guipúzcoa y al fondo Instituto Juan de Austria. Es muy probable que este pasillo de arena con bancos y palmeras a ambos lados siga aunque una parte fue con los años cerrada al tráfico y rellenada con cemento. Johnny descansa en la segunda palmera de la derecha, lo he confirmado esta misma tarde con mi hermano. Fue transportado en una caja de zapatos y la sepultura era del tamaño de su cuerpecito.

      • La segunda palmera de la derecha. Vaya vaya.

        Tengo tanta curiosidad que la próxima vez que vuelva del centro en la línea 2, en vez de bajarme en Bac de Roda lo haré en Sant Martí y me dedicaré a fisgonear…

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