el suicidio (XVI): utopías a la deriva. Canciones de Violeta Parra

“Yo me llamo Violeta Parra, pero no estoy muy segura. Tengo cincuenta años a disposición del viento fuerte. En mi vida me ha tocado muy seco todo y muy salado, pero así es la vida exactamente, una pelotera que no la entiende nadie. El invierno se ha metido en el fondo de mi alma y dudo que en alguna parte haya primavera; ya no hago nada de nada, ni barrer siquiera. No quiero ver nada de nada, entonces pongo la cama delante de mi puerta y me voy”.

Porque los pobres no tienen

Porque los pobres no tienentina modotti - el machete (1928)
adonde volver la vista,
la vuelven hacia los cielos
con la esperanza infinita
de encontrar lo que a su hermano
en este mundo le quitan.

Palomita,
¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.

Porque los pobres no tienen
adonde volver la voz,
la vuelven hacia los cielos
buscando una confesión,
ya que su hermano no escucha
la voz de su corazón.

Porque los pobres no tienen
en este mundo esperanza,
se amparan en la otra vida
como a una justa balanza.
Por eso las procesiones,
las velas y las alabanzas.

De tiempos inmemoriales
que se ha inventa’o el infierno
para asustar a los pobres
con sus castigos eternos,
y al pobre, que es inocente,
con su inocencia creyendo.

El cielo tiene las riendas, Van Gogh - la iglesia de Auvers (1890)
la tierra y el capital,
y a los soldados del Papa
les llena bien el morral,
y al que trabaja le meten
la gloria como un bozal.

Y pa’ seguir la mentira,
lo llama su confesor.
Le dice que Dios no quiere
ninguna revolución,
ni pliego ni sindicato,
que ofende su corazón.

Del corazón de una iglesia
salió el cantor Alejandro.
En vez de las letanías
yo lo escucho profanando.
Yo creo que a tal cantor
habría que excomulgarlo.

Como al revés está el mundo
me mandarán a prisión
y al cantor de la sotana
le darán premio de honor,
pero prisión ni gendarme
habrán de acallar mi voz.

Ilustraciones: fotografía de Tina Modotti, “el machete” (1928) y Van Gogh “la iglesia de Auvers” (1890).

Gracias a la vida

“Gracias A La Vida”, además de una popular canción de inspiración folclórica chilena,  constituye una de las contradicciones más grandes de la compositora. Este himno de amor y humanismo profundo queda amargamente punteado por un alma que agradece la vida mientras prepara su muerte; este sarcasmo empaña el optimismo irrefrenable con el que, habitualmente, es considerada la canción si bien el sarcasmo le data de profundidad. Nunca un epitafio fue tan demoledoramente equilibrado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado,
y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.tina modotti
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
graba noche y día grillos y canarios,
martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano,
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto
y el canto de ustedes que es el mismo canto,
y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Fotografía de Tina Modotti

VOLVER A LOS DIECISIETE

Edward Weston - Tina en la azotea (1923)

Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
Es como descifrar signos sin ser sabio competente,
Volver a ser de repente tan frágil como un segundo
Volver a sentir profundo como un niño frente a dios
Eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

Mi paso retrocedido cuando el de usted es avance
El arca de las alianzas ha penetrado en mi nido
Con todo su colorido se ha paseado por mis venas
Y hasta la dura cadena con que nos ata el destino
Es como un diamante fino que alumbra mi alma serena.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber
Ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento
Todo lo cambia al momento cual mago condescendiente
Nos aleja dulcemente de rencores y violencias
Solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

El amor es torbellino de pureza original
Hasta el feroz animal susurra su dulce trino
Detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
El amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño
Y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.

De par en par la ventana se abrió como por encanto
Entró el amor con su manto como una tibia mañana
Al son de su bella diana hizo brotar el jazmín
Colando cual serafín al cielo le puso aretes
Mis años en diecisiete los convirtió el querubín

Fotografía: Edward Weston, “Tina en la azotea” (1923)

violeta parra

Violeta del Carmen Parra Sandoval (1917-1967) es la más grande representante de la música folclórica chilena y fervientemente comprometida con la injusticia social. El abandono del que dicen fue el gran amor de su vida que formaliza otra relación en Bolivia en 1966 la destroza emocionalmente y el fracaso de la carpa  La Reina acrecienta su desencanto y desapego existencial.

Antropóloga musical, poeta, pintora, cantautora, bordadora, ceramista, mujer telúrica de fondo trágico y vida fértil, Violeta Parra se pegó un tiro en la cabeza en su carpa de La Reina. Le faltaba poco para cumplir 50 años pero el fracaso económico de su utópico proyecto de comuna musical en el campo y el fiasco de su no menos utópico proyecto sentimental junto a sus hijos y un hombre suizo 16 años menor que ella dieron al traste con sus ganas de vivir.

En realidad, como casi siempre, la culpa de que apretara el gatillo no fue de nadie. Era una mujer enérgica y tozuda.

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