Efemérides 17/01/1998 (VI): Esther vino al mundo en la Clínica Delfos en sabado noche. Dos canciones de J.M. Serrat

1998 (03) Esther riendo

Aquél sabado había trabajado por la mañana. A la tarde vimos, entre contractaciones, la película Robin Hood: Príncipe de los ladrones” (1991), con Kevin Cotsner. La Esther nacía al final del día mientras los tertulianos de “Crónicas marcianas” de Sardà no cesaban de discutir. Era, es, una niña guapísima. Hoy cumple quince años pero no sonará la horterada del Duo Dinámico, sino una bella canción de Serrat, “Piel de manzana”.

A esa muchacha
que dio a morder
su piel de manzana
cuando Cupido
plantaba un nido
en cualquier ventana.

A esa muchacha
que tuvo al barrio
guardando cola
y revoloteando
como polillas
en las farolas.

A esa muchacha que fue «Piel de Manzana»
se le quebró el corazón de porcelana,
se le bebieron de un trago la sonrisa.
La primavera con ella tuvo prisa.

Y quién me hace entender
que la entretuve ayer
temblándome en las manos.
Maldigo el no poder
volvernos a esconder
en el último rellano
y a oscuras, compartir
un ramillete de promesas
y oír, sobre las diez:
«Niña, la hora que es y sin poner la mesa».

Muchachas tristes
que florecisteis
en mis aceras,
bien poco ha escrito
en vuestros cuadernos
la primavera…
…y llega el invierno.

1998 (05) Esther y papaLas tres fotografías son del primer año de Esther; aparece riendo con sólo dos meses, en el mes de mayo en un parque urbano de L’Hospitalet  y en julio, en sus primeras vacaciones de verano, en Boi-Taüll, en el pueblo de su madre y junto a ella.

Algo más tarde vendría su hermana Laia pero eso es “historia de otro costal” y lo explicaré cuando toque.

1998 (07) Boi-Taüll 13

En el primer año la Esther superó una operación con cuarenta días que nos tuvo a todos en vilo, perdió el Gugu en el Caprabo (ahora Eroski), viajó al Pirineo y los Reyes le trajeron muchas cositas. Montar el triciclo nos llevó un buen rato. Se hizo fotos con toda la familia durante todo el año; unos ya no están y otros han crecido tanto que ni ellos mismos se conocen.  Cuando regreso a esas fotografías siempre acabo sentado sobre la calabaza, con una mueca que no sabe adonde ir, ni si reír por lo vivido o llorar por lo perdido.

De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,

y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.

De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.

De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.

De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.

De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.

Felicidades, Esther! Un besito.

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