La Selva de Irati

Un bosque que te brinda multitud de sensaciones: el encuentro a solas con la naturaleza, el rumor salvaje del agua entre hayas y abetos, el frescor del río, el sonido huidizo de los animales y de las hojas caídas en otoño. El silencio y la soledad.

O, simplemente, echarse a andar por alguno de los senderos balizados que recorren el corazón del bosque

 La Esther, ensimismada, acariciando el silencio y enmudecida por el olor de la verde hierba. La Laia, por el contrario, abstraída pero concentrada en superar el reto de un yo-yo que horas antes le habían regalado con un helado de vainilla.

En las inmediaciones, el bello pueblo Ochagavía, de estrechas calles empedradas, con un puente medieval, con casas de recias paredes de piedra y tejados empinados.

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