El Chico (Charles Chaplin, 1921) (II): niños robados

Mirada de cerca, la vida parece una tragedia; vista de lejos, parece una comedia. Nunca te olvides de sonreír, porque el día en que no sonrías será un día perdido. La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive cada momento, antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos. Hay que tener fe en uno mismo. Aún cuando estaba en el orfanato o recorría las calles buscando qué comer, me consideraba el actor más grande del mundo. La vida es maravillosa…si no se le tiene miedo. Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo. Más que maquinaria necesitamos humanidad, y más que inteligencia, amabilidad y cortesía. Fui perseguido y desterrado, pero mi único credo político siempre fue la libertad

                                                                                          (Charles Chaplin)

La película tiene como eje central la importancia del amor humano, de los afectos y como siempre una alta crítica social.

Cuenta el abandono de un niño por una madre soltera, que más tarde va en su búsqueda. El niño es recogido por un vagabundo que lo cría y lo educa a su manera hasta los cinco años, en que se lo quita la Asistencia Pública justo en el momento en que reaparece la madre, convertida ahora en una famosa actriz.

Pocas escenas más conmovedoras y crudas ha dado el cine como aquella en que las autoridades arrebatan al niño y el vagabundo, ante la impotencia del tesoro que le arrebatan, con sus ojos vidriosos, intenta burlar a las autoridades y trepando por los tejados ve, desgarrado, como se llevan a ese hijo en el que ha depositado el amor más sincero y desinteresado que un padre podría dar a un hijo.

Una de las escenas que mejor definen a la obra de Chaplin, así como su vida propia basada en una infancia llena de miseria, sin referencias paternas, y en el que las autoridades eran más el enemigo que el apoyo en el que sustentarse. En “El chico” se dan la mano el personaje y la infancia del autor (“Chaplin jamás ha olvidado ni en su vida ni en sus obras, sus días de niñez y juventud en la pobreza del East End Londinense. Todo su mundo lo ha ido extrayendo de allí”, Manuel Villegas López).

Chaplin no sólo era un comediante sino que con el drama tocaba los puntos más sensibles de la sociedad.

La película es una crítica social feroz que defiende el sentimiento de los pobres, del que carece el Estado representado por la asistencia social. El film fue tachado por algunos sectores de anarquista y disolvente, mensaje que unos Estados Unidos que estaban en plena época de prosperidad no estaban dispuestos a compartir. El éxito de la película fue tal, con un beneficio de dos millones y medio de dólares, que no se pudo iniciar ninguna acción contra Chaplin porque ello habría significado echarse en contra a la ciudadanía. Chaplin era el héroe del pueblo.

En cualquier caso, el conservadurismo no olvida fácilmente las afrentas y la sociedad puritana no tardaría en vengar la afrenta del cineasta. 

El cine de Charles Chaplin es el canto más poético que el hombre ha hecho jamás a la dignidad de los pobres; sus personajes son hombres a los que la sociedad les ha arrebatado lo indispensable para llevar una vida digna, ejerciendo sobre ellos todas las formas de violencia. Y, pese a ello, se comportan como lo haría el más exquisito dandy. 

“¡Yo pasé tanta hambre que hubiera podido comerme un zapato!”, No transcurrirían ni cuatro años para representar el desasosiego del hambre en un baile gastronómico en mitad de la nieve. Y diez años más tarde rodaría la más tierna historia de amor entre un vagabundo y una florista ciega.

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